Contribución: socia María José Figuerero Torres (Instituto de Arqueología, FFyL, UBA, mjofiguerero@yahoo.com.ar)
Para el pueblo Mapuche el Wiñol tripantu es el momento de celebración del comienzo de un ciclo nuevo. En la cosmovisión mapuche es una instancia de renovación en busca del equilibrio necesario para seguir en defensa del territorio. El inicio de este nuevo ciclo coincide con el solsticio de invierno aunque el día mismo es decidido por cada comunidad. Las ceremonias son ocasión para reunir a la familia cercana, a los integrantes de la lof, o comunidad, o convocar a otros más allá de la misma. Cada comunidad decide también la forma y duración de la celebración que siempre incluye una ceremonia o nguillatún que mueve a las energías de los ancestros, del territorio y de los presentes en una conversación para agradecer, acordar y, a la vez, pedir por el bienestar y la armonía que se espera para el nuevo ciclo. Estos eventos conllevan tiempos y espacios definidos, vestimentas especiales, preparativos para la vigilia y espera del primer rayo del sol con fogatas, largas conversaciones, actividades y alimentos especiales para los presentes. Todo el desarrollo de la ceremonia también respeta a las categorías duales, como ser ancianos/jóvenes o varón/mujer, y los números sagrados para el pueblo Mapuche.
El despojo de sus territorios a fin del siglo 19 y las políticas de asimilación que impuso la colonización republicana obligaron a las comunidades Mapuche y Tehuelche de Patagonia a resignar la realización de muchas ceremonias. Pero, el Wiñol tripantu fue una de las ceremonias que las familias Mapuche lograron sostener en forma disimulada por coincidir con la celebración cristiana de la Noche de San Juan. En Santa Cruz, esta visibilización ha cambiado en las últimas dos décadas con la conformación de comunidades indígenas Mapuche y Mapuche-Tehuelche y de las actividades que llevan adelante para afirmar su identidad y reconocimiento ante la sociedad provincial.
Un reto para la arqueología del sur de Patagonia es la posibilidad de incorporar aún más aspectos sociales que se sumarían a lo que ya conocemos acerca de la subsistencia del pasado indígena, aunque en todos los casos resulta apropiado contar con el consentimiento de las comunidades originarias. Justamente, otro desafío para la arqueología de Santa Cruz, es entrar en diálogo con las comunidades originarias, abrirse al conocimiento alternativo que pueden aportar los indígenas mismos o estar atentos al significado e impacto que pueden tener esos trabajos para ellos y, por consiguiente, llevar adelante los trabajos de investigación con su conocimiento y consentimiento, acorde con lineamientos ligados a la ética profesional y científica.
En lo personal, los relatos que aquí comparto son fruto del trabajo colaborativo con las comunidades indígenas que llevamos adelante hace casi 20 años como parte de nuestro trabajo de investigación arqueológica en el noroeste de la provincia centrado en Los Antiguos y Paso Roballos. Esta interacción sirvió para ampliar nuestras preguntas de investigación e incorporar nuevas vías de indagación de la historia reciente de la ocupación indígena en Patagonia. Con las comunidades, la colaboración se canalizó en acciones para visibilizar su presencia, el diseño de proyectos en conjunto o brindar asesoramiento en casos de reclamos. Desde esta mirada, el aporte de la arqueología, más allá de generar nuevo conocimiento desde la ciencia, es reconocer la presencia continua de los pueblos originarios en sus territorios hasta el presente y sostener el derecho indígena a la gobernanza y gestión del conocimiento de su pasado.
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- Foto de Emmanuel Pereda IG: @emaperiodismo
- Wiñoy tripantu, Lof Fem Mapu, Puerto Santa Cruz, junio, 2022.

